​Privatización apagaría miles de hogares y aumentaría costo de la luz 


Ojo que por querer cortanos una pierna nos cortemos los dos”

El apagón del sistema eléctrico no puede ni debe discutirse sin análisis y bajo el fuego del coraje con razón y frustracción del puertorriqueño. 

Se alega se esta investigando que un rayo impacto el área y provocó la explosión en la planta  Aguirre.

¿Entonces la pregunta es puede usted evitar que un rayo caiga en su casa y queme un televisor o provoque daños a la propiedad? 

La respuesta es No, se puede evaluar porque demoró tanto y si se la autoridad estaba lista o los cogieron con el guante abajo por ineficiencias administrativas.

La situación fiscal ha estado provocando un deterioro notable en las plantas de la autoridad y la falta de capital para la revitalización del sistema provoca que puedan surgir fallas y por consecuencias suceda un apagón por sectores o en la isla en su totalidad.

Pero la solución no puede ser la privatización, analizemos: en una corporación con subsidios por doquier y donde el principal deudor es el propio gobierno resultaría nefasto que este en manos privadas.

Se hace necesario que se estableza una cultura de pago en el gobierno y se evalúen todos los subsidios y acuerdos para ver su fín público y beneficio para el país.

Una compañia privada el fin será obtener  ganancias y como enriquecerse  entonces el fín de ellos supondría el desahucio de cientos de residentes que adeuda luz  y dejar a cientos o miles sin un servicio esencial ( hopitales, municipios, escuelas y centros de salud)  la cual nuestra  constitución garantiza el derecho a recibir los servicios básicos  y vivir de manera  digna.

La inversión del ente privado tendría que ser pagado con intereses y por un contrato que sería en menoscabo de los clientes y supondría aumentos para recobrar  la inversión.

Además de que las riquezas estarían en los socios accionistas y no tendría el país reinversión social.

La nefasta situación fiscal se debe a la misma causa donde se encuentra el crédito y todos conocemos los responsables directos e indirectos pero la amnesia de los causantes y la impunidad nos ha llevado al precipicio.

Tenemos la capacidad y el recurso humano pero tenemos que hacerlo en unidad y lejos de la creación de corporaciones para enriquecerse ( caso Anaudi) y beneficiar a los inversionistas inescrupulosos y “al pueblo que se lo lleve pateco”.

Vamos a procurar trabajar para la creación de desarrollo económico y riquezas y si hay que buscar inversionistas los acuerdos sean para el fin público y social no para el enriquecimiento ilícito a costas de aumentar más la pobreza y la desigualdad social.

Experiencia de privatizaciones

¿Cuál ha sido la experiencia en otros países donde los servicios de producción o distribución energética se han privatizado?, en esos lugares, ¿el precio de la factura realmente ha bajado?, ¿el servicio ha mejorada en manos privadas o se ha deteriorado?, ¿cuáles son las compañías involucradas en este negocio y cuál es su historial?



Hay varios reportajes y estudios de diferentes lugares, desde Estados Unidos, México, Argentina y Europa, que ofrecen respuestas a esas preguntas básicas que habría que hacer antes de optar por una vía que ha fracasado en otros sitios o que, mínimamente, no ha resultado en los beneficios que prometía para la mayoría de los abonados.



Veamos lo que investiga el medio estadounidense Mother Jones, que sintetiza la experiencia de consumidores de ese país con las compañías privadas de servicio eléctrico, Stephanie Mencimer titula su reportaje: “Electric Shadyland: How Power Companies Rip You Off. Door-to-door hucksters and telemarketing boiler rooms: Welcome to the deregulated electricity market.”



La historia comienza narrando la experiencia de una clienta de Washington DC, un caso particular de lo que la periodista describe como una “ola de quejas” en toda la ciudad y a lo largo de 16 Estados que cuentan con mercado de electricidad desregularizado. En esos Estados, una serie de nuevas empresas minoristas de electricidad están persiguiendo a los consumidores con una estrategia de venta agresiva para que éstos se propongan desplazar a las compañías públicas como PEPCO o Edison de Nueva York, por las privadas.



“Un mercado que carece de regulación y transparencia, con un producto que todo el mundo compra y pocas personas entienden realmente, ha demostrado ser un medio ambiente rico para el tipo de operadores que previamente causaron las estafas hipotecarias… Un defensor de los consumidores lo compara con el Wild West del negocio de las hipotecas antes de 2008”, indica el reportaje.



Pero estas empresas minoristas no son realmente empresas de energía. La periodista explica que son intermediarios que compran la energía en el mercado mayorista, en gran parte en las mismas plantas de energía que una vez fueron propiedad y operadas por las empresas de servicios públicos -monopolios que fueron fragmentados a finales de 1990 y principios de 2000. Estas empresas minoristas luego venden la electricidad a los consumidores y la distribución la realizan a través de las líneas de transmisión que siguen siendo propiedad del gobierno. Mencimer concluye que con este sistema lo único que cambia realmente es el nombre de la factura del proveedor.



Pero tal vez el punto más importante que señala la periodista es la diferencia que existe entre una compañía pública y una privada. Y es que una compañía tradicional como Con Ed, o digamos en nuestro caso, la AEE, no puede aumentar las tarifas de electricidad sin justificar tal necesidad al público. En un mercado desregulado, las empresas minoristas privadas no tienen que cumplir con ese requisito, lo que significa que pueden subir los precios a su antojo.



Por lo tanto, estas empresas ponen en práctica una agresiva campaña que emplea desde telemarketing, visitas de vendedores puerta a puerta, anuncios de televisión y panfletos con ofertas de ahorro prometedoras. Los clientes terminan firmando contratos restrictivos y los supuestos ahorros se revelan como trucos publicitarios que nunca se materializan.



Pero lo más desconcertante es que, en enero de 2013, el fiscal general de Nueva York informó a la Comisión Estatal de Servicios Públicos que el 91.5 por ciento de los consumidores de bajos ingresos del norte del Estado que se había cambiado a empresas privadas de electricidad, estaban pagando tasas más altas de las que hubieran pegado con una corporación pública tradicional.



No sería extraño que de concretarse la desregulación del sector energético aquí, esas mismas compañías que operan en Estados Unidos vengan a Puerto Rico buscando expandir sus operaciones. Pero gracias al acceso a la información a través de Internet  -y no a las empresas tradicionales de información, por supuesto-, podemos estar prevenidos y prevenidas y conocer de antemano el historial que algunas de estas empresas cargan a sus espaldas.

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