​Pérdida de un bebé: cómo afrontar el proceso de duelo


Por ley de vida, lo habitual es que sean los hijos quienes en su etapa adulta tengan que despedir a sus progenitores como consecuencia de la muerte.

Escrito por Maite Nicuesa Guelbenzu, Doctora en Filosofía y experta en coaching

Los filósofos clásicos reflexionaron sobre la ley natural, es decir, sobre aquello que es acorde a la naturaleza del ser humano. En este sentido, no hay nada que vaya más en contra de la naturaleza de la maternidad y de la paternidad que sobrevivir a los hijos.

Por ley de vida, lo habitual es que sean los hijos quienes en su etapa adulta tengan que despedir a sus progenitores como consecuencia de la muerte.

 Teniendo en cuenta, además, que la esperanza de vida ha crecido tanto en las últimas décadas, hasta el punto de que las mujeres superan la barrera de los ochenta años, muchos hijos pueden disfrutar durante mucho tiempo de la presencia y de la compañía del padre y de la madre.

“El duelo por la pérdida de un bebé es más complejo en tanto que, por ley de vida, los hijos sobreviven a los padres y no al revés”

Sin embargo, los datos también reflejan una estadística menos amable: existen casos de parejas que pierden a un bebé. En estos casos, la perspectiva cambia de una forma radical, la sensación de vacío es inmensa, la desorientación ante el futuro es muy potente, el desgarro interior es intenso, el proceso de duelo es muy duro y esta pérdida tan notable puede afectar incluso a la relación de pareja.

Otra situación que también es difícil de afrontar es la de tener un hijo que padece una enfermedad rara. Si esto ocurre, es indispensable afrontar la situación en común, compartir los sentimientos y, también, hacer terapia psicológica en caso de que sea necesario para evitar el sentimiento de culpa. No existen culpables en una situación de este tipo, sin embargo, la mente humana necesita buscar las causas en su afán de querer controlarlo todo.

Cómo paliar el dolor ante la muerte de un hijo

Los profesionales médicos ocupan un lugar determinante a la hora de paliar el dolor emocionalque sufren los progenitores ante la pérdida de un hijo.
 

En primer lugar, es indispensable hablar en términos coloquiales y dejar de lado por un momento el lenguaje médico. Se trata de poner en práctica la empatía. 
Para ello, el especialista debe utilizar un tono de voz amable, mostrarse cercano, escuchar a la persona que tiene enfrente… Es un gran error minimizar el dolor de una persona por miedo a verle sufrir. Por ello, nunca se deben decir frases del tipo: “Esto pasará pronto”, “verás cómo mañana te sientes mejor”, “no estés triste”… El dolor solo se supera a base de ser comunicado, exteriorizado y compartido. Por ello, el entorno familiar tampoco debe sobreproteger a la víctima hasta el punto de no permitirle sentir debilidad. ¿Cómo se debe entonces actuar ante el dolor ajeno? Con respeto, y entendiendo que cada persona tiene su propio ritmo y su proceso interior a la hora de avanzar.

Por otra parte, también es bueno proponer planes tranquilos a la persona que está sufriendo para que pueda salir de casa y distraerse: por ejemplo, salir a dar un paseo, tomar un café, ir al cine para ver una película… En ningún caso se debe evitar el tema, porque todo aquello que se intenta ocultar tarde o temprano sale a la luz con más fuerza. Es decir, es un error convertir un hecho natural como la muerte en un tabú.

Existen entidades de ayuda social que imparten cursos sobre superación de duelo que pueden resultar de interés para todos aquellos que están pasando por una situación de estas características. Es un entorno amable en el que podrás compartir vivencias con personas que han pasado por un proceso semejante. 
En el caso de aquellas personas que tienen un hijo con una enfermedad rara, también es posible entrar en contacto con una asociación de afectados por el mismo problema. El apoyo y la sensación de pertenencia a un grupo de personas que entiende la problemática resultan de gran utilidad y de mucha ayuda.

Pérdida de un bebé: cómo afrontar el proceso

En primer lugar, dando tiempo al tiempo. Como explica Tomás de Aquino, el paso de los meses mitiga todo sufrimiento y, al principio, el dolor se siente más.

Tanto, que durante los primeros días tras la pérdida del bebé el dolor puede ser tan grande que te impida levantarte de la cama.

A nivel físico también es positivo descansar más en un momento de tristeza, tener una buena alimentación, estar en contacto con la naturaleza, respirar aire puro, buscar el silencio, disfrutar de un baño relajante…

A pesar del dolor, la vida sigue. Por ello, para poder afrontar el proceso de duelo tras la pérdida de un bebé, lo adecuado es seguir con las ocupaciones diarias, y encontrar una motivación en el día a día.

 
Por ejemplo, apoyarte en el trabajo puede ayudarte a la hora de salir adelante. Intenta concentrarte al cien por cien, incluso en las ocupaciones menos gratificantes, como planchar o poner la lavadora. Es bueno tener la mente ocupada en algo que requiere una atención inmediata para no estar pensando todo el tiempo en un hecho que causa dolor.

A nivel emocional, existe un ejercicio que puede ayudarte. Escribe una carta dirigida a tu bebé. Se trata de expresar en la intimidad tus sentimientos; puedes hablarle con libertad, decirle todo lo que quieras… Y después, guarda la carta en un lugar que a ti te dé tranquilidad. Podrás volver a leerla siempre que lo necesites.

Intenta darle un sentido concreto a tu propio dolor. Este es el consejo práctico de la Logoterapia creada por Victor Frankl. En la medida en que otorgas un significado a un sentimiento, también te sientes mejor porque tienes esperanza. 

Para todas aquellas personas que han perdido un hijo puede ser de gran ayuda la lectura de un libro, ‘Volver a vivir’, escrito por Mercé Castro. Por otro lado, también puedes crear un blog personal, a partir de tu propia experiencia, para ayudar a todos aquellos que han perdido a un hijo. El esfuerzo de regalar esperanza a los demás, también te la da a ti.
A lo largo de los nueve meses de embarazo, la mayoría de las parejas compra todo lo necesario para dar la bienvenida al bebé: cuna, moisés, biberones, ropa… En ese caso, piensa qué quieres hacer con todo lo que has comprado. Si crees que te va a traer muy malos recuerdos, puedes donarlo a una asociación o regalarlo a una amiga que acabe de tener un hijo.

 Pero, por supuesto, también puedes guardar todo en el trastero para cuando puedas utilizarlo en un futuro. Lo que no se debe hacer es dejar la habitación del bebé amueblada como si fuese un santuario porque entonces los padres quedan estancados en el pasado.

En un momento así, debes respetar más que nunca tu propio espacio; por ello, cuando necesites estar solo, puedes ir a tu habitación y decirle claramente a tu pareja, que no te interrumpa ni te pase llamadas. Apaga también tu teléfono móvil. En una situación de estas características, piensa que tu vida no se reduce a ese hecho concreto y haz un esfuerzo por recordar todos los buenos momentos que has vivido, las personas que has conocido, cultiva el optimismo… Para ello, te recomiendo el libro ‘El arte de no amargarse la vida’, de Rafael Santandreu.

Cómo afrontar la pérdida de un bebé
El duelo por la pérdida de un bebé es más complejo en tanto que, por ley de vida, los hijos sobreviven a los padres. Para afrontarlo es importante expresar el dolor, mantener la motivación y buscar ayuda profesional.

Cuándo volver a intentar tener un hijo

Cuándo volver a intentar tener un hijo
Existe una pregunta que muchas parejas se hacen cuando han perdido un bebé: ¿cuándo volver a intentarlo? En primer lugar, es indispensable consultar con el médico sobre esta cuestión. Pero, a nivel emocional, lo mejor es no tener prisa, dar tiempo al tiempo, y estar recuperados antes de volver a apostar por tener un niño. 

Nunca se debe querer tener un hijo para llenar el vacío dejado por el niño que murió. Por ello, tampoco es una buena idea poner el mismo nombre del bebé fallecido al segundo hijo. El nombre está directamente vinculado con la personalidad y con la identidad de un ser humano que es único e irrepetible.

En algunos casos, los padres y el resto de la familia se sienten desorientados a la hora de apoyar a la pareja en este trance. 

Muchas veces se toma a la mujer como una víctima más directa de este dolor porque es ella quien vive el embarazo. 
Sin embargo, es indispensable colocar al padre en igualdad ante una situación así, teniendo en cuenta, además, que los hombres suelen tener dificultades para mostrar sus emociones porque, por una cuestión cultural, durante mucho tiempo se ha considerado que expresar los sentimientos era un signo de debilidad. 

Por esta razón, el hombre tiene otras formas de enmascarar el sufrimiento: a través delenfado, la adicción al trabajo, la rabia interna…

Es posible contar con la ayuda de un psicólogo para procesar el dolor. Conviene recordar que no existen leyes generales a la hora de evaluar el comportamiento humano, y que cada persona reacciona de una forma diferente ante una situación similar. Ante la muerte de un hijo existen personas que se hunden, pero otras sacan una fuerza inexplicable en medio de la angustia.

Aquellos padres que han perdido a un hijo, pueden seguir alimentando el vínculo emocional yendo al cementerio para llevarle flores, hablando de él con naturalidad o, incluso, hablándole a él a nivel mental. Cada noche, antes de acostarte, puedes dirigirle unas palabras a tu hijo, tanto si tus creencias son religiosas como si no lo son; alguien no muere mientras se le recuerda y ese ser querido siempre estará en tu corazón. Por ello, alimenta cada día la semilla del amor.

El cine también nos muestra historias que han tratado esta temática y que pueden ser de ayuda para el espectador que se sienta identificado; por ejemplo ‘The other woman’, protagonizada por Natalie Portman. Otra película de calidad muy recomendable es ‘The Unsaid’, que describe la historia de un psicólogo que tiene que afrontar la muerte de su hijo.

El mundo de la música, también nos ha regalado canciones que constituyen un canto a la esperanza. Por ejemplo, puedes empezar el día poniendo la canción de Joan Manuel Serrat “Hoy puede ser un gran día”, y es que la música tiene un efecto muy positivo sobre las emociones.

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